hasta mi constancia... lo sé, prometí a una amiga que esta vez sería diferente y que podría ponerme a escribir y ser constante, pero no lo he sido.

De todas formas creo que va siendo hora de ponerme de nuevo a organizar mi vida. Sí...

Miguel... olvidé a Miguel. Anoche me volvió a llamar, pero es que algo a cambiado, creo que se llama madurez... y creo que se llama amor. No sé como pasó, ni por qué tuvo que pasar... solo que ahora estoy enamorada de Sergio, y que ni si quiera tengo miedo a decir lo que siento, ni a esperarle el tiempo que necesite. No tengo miedo de que me haga daño, y no tengo miedo de nada, solo de un no. Y le espero, y veo a Miguel y no soy capaz de tocarlo, no... es como si algo dentro de mi me dijese que debo ser fiel, y no sé que me está pasando.

Miguel parece seguir igual. Es como si ahora que le rehuyo quisiera algo conmigo... pero no no no... pasó. Yo no soy el juguete de nadie, y mucho menos de él y su egocentrismo. No...

Se llama Sergio y le quiero. Y me gusta como se queja cuando le dicen que se afeite, me gusta como suspira cuando se cansa de mi o de Jordi y me gusta que se ría cuando me ve con mis gafas de sol. Me gusta su sonrisa y como ciuda de su hermano pequeño como si fuese su vida. Me gusta su olor y cuando me deja darle un abrazo muy de vez en cuando... me gusta... y no quiero que Miguel venga a estorbar mi pekeño mundo... como siempre hace.

Cambia todo... si. Cambia el tiempo, cambia el humor... cambia el dolor... cambio yo. Y hasta mi constancia.